OPERACIÓN ESCARMIENTO

25 de julio de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Para el que ha marcado las barajas

y recibe siempre la mejor

con el as de espadas nos domina

y con el de bastos entra a dar y dar y dar..."

 

  [Marcha de la bronca – Pedro y Pablo, 1970]

 

 

 

 

ÍNDICE


1. Introducción

2. El mundo

3. La universidad en el peronismo

4. La universidad en la Revolución Libertadora

5. La universidad hasta 1966

6. La universidad en la Revolución Argentina

7. La noche de los bastones largos

         7.1. Las causas

         7.2. Los hechos

         7.3. Las consecuencias

         7.4. La repercusión

                   7.4.1. En el país

                   7.4.2. En el exterior

8. La universidad hasta 1976

9. La universidad en el Proceso

10. La universidad hoy

11. Conclusión

12. Bibliografía

 

 

 

 

1. INTRODUCCIÓN

Quien bautizó a los hechos ocurridos el 29 de Julio de 1966 como 'La noche de los bastones largos' fue el periodista Sergio Morero. Entonces trabajaba para la revista Primera Plana, a pocas cuadras de la facultad de Ciencias Exactas, escribiendo columnas sobre lo que acontecía en la universidad. Al escuchar sirenas y gritos en Exactas, corrió hacia el lugar de los hechos. "Vi cuando la Guardía de infantería, cuerpo especializado de la Policía Federal, entraba en Exactas, armada con sus bastones largos, rompiendo los vidrios de las puertas, pisándolos luego con sus borceguíes para hacer más impresionante el brutal allanamiento [...] mientras vociferaban: '¡Salgan, comunistas hijos de mierda! ¡Judíos, hijos de puta!'. Quienes salieron, con los brazos en alto, fueron alumnos y profesores, armados hasta los dientes con lápices, libros, apuntes, cajas de compases y reglas de cálculos. Los hicieron desfilar entre una doble fila integrada por los valientes 'defensores del orden', y los molieron metódicamente a palos antes de llevárselos, detenidos y heridos, en los camiones celulares estacionados de culata a lo largo de la calle Perú", relata en su libro La Noche de los Bastones Largos.

Cuando regresó a la redacción para traducir en un artículo lo que había presenciado, le pareció que lo que había visto había sido similar a la noche de los cuchillos largos de Noviembre de 1938 cuando en Alemania los amigos de Adolf Hitler resolvieron sus diferencias políticas. A raíz de esa asociación bautizó a su nota 'La noche de los bastones largos'. Los demás medios tomaron prestada esa denominación, y se convirtió en el 'nombre oficial' del episodio. También se la suele llamar 'Operación Escarmiento', nombre que, se dice, era el que se le daba entre los militares y la policía; operación, por el carácter premeditado de la violencia que tuvo lugar esa noche, y escarmiento, por su misión de disciplinar. Según el Diccionario de uso de español actual, la palabra significa: "Enseñanza que se extrae de errores ajenos o pasados y que sirve de advertencia para evitar repetirlos". Además quiere decir "castigo que se da a una persona por los errores o faltas cometidos para evitar que los repita". Etimológicamente, proviene del antiguo 'escarnir', hacer burla de otro.

¿Castigo por qué? ¿Qué se trató de enseñar? Mi propuesta es, a través de este trabajo de investigación, responder esas interrogantes y descubrir qué enseñanza se intentó impartir por medio de La Noche de los Bastones Largos, y qué considero que en realidad deberíamos aprender.

 

 

 

2. EL MUNDO

Durante el período comprendido entre 1955 y 1970, las personas alrededor del mundo se acercaron debido a la masificación de los medios de comunicación, que proponían nuevos esquemas de vida y modelos a imitar. En forma de imágenes, textos y sonido llegaban a todo el mundo las figuras de Marilyn Monroe, Sofía Loren, Brigitte Bardot, las ideas de Fidel Castro, el Che Guevara, Mao Tse-tung, el presidente Kennedy, De Gaulle, la realidad mundial, la fricción entre naciones, los movimientos revolucionarios. Las movilizaciones estudiantiles y la preocupación de los universitarios por defender la autonomía de su institución en Argentina datan de principios de siglo, pero se considera que además la difusión de numerosos hitos de la historia mundial que tuvieron lugar en esta época tuvieron notable influencia en lo acontecido durante el período en el plano estudiantil, agilizando la resistencia y la contestación, como también las actitudes represoras del gobierno.

Uno de ellos fue el Mayo Francés. En un manifiesto dado a conocer en dicho mes de 1968, los universitarios franceses reclamaron una universidad totalmente independiente de cualquier poder político, generadora de debates y tolerante de las opiniones de las minorías. Exigieron que estos principios fueran respetados, como también el derecho a autogestionarse y a recibir un presupuesto considerable que fuera suficiente para el mantenimiento y desarrollo de la institución. Al igual que la Reforma Universitaria de 1918, el manifiesto solicitaba la elección de profesores por concurso, en base a su capacidad y desempeño. Los generadores de estos reclamos eran grupos juveniles de inspiración anarquista, trotksista y maoísta que se oponían al capitalismo y el consumismo regentes en la sociedad. En la facultad de Letras y Humanidades de la  Universidad de Nanterre se proclamó que la universidad debía convertirse en un centro de revolución contra la sociedad de consumo y procedieron a ocupar el establecimiento. Este fue clausurado a finales de abril, y la ocupación se trasladó a Sorbona. La policía intervino, violando la autonomía de la universidad. A raíz de esto hubo huelgas, revueltas y barricadas de estudiantes, obreros y profesores que fueron violentamente reprimidas por los civiles. Lo particular del hecho fue la unión de obreros y estudiantes, similar a la que tuvo lugar en 1969 en la provincia de Córdoba, Argentina. Probablemente el Mayo Francés sirvió de antecedente del Cordobazo. Finalmente el gobierno de Francia llegó a un acuerdo con estudiantes y obreros, pero no hubo grandes modificaciones en el autoritario sistema gaullista. Sin embargo, hubo importantes transformaciones en el comportamiento de la sociedad: se introdujeron nuevos valores, la mujer ganó reconocimiento, se disminuyó el autoritarismo en la enseñanza y se democratizaron las relaciones sociales y generacionales. En palabras del filósofo germano-norteamericano Herbert Marcuse: "Es al mismo tiempo una rebelión moral, política y sexual. Una rebelión total. Su origen está en lo profundo del individuo. Estos jóvenes no creen en los valores de un sistema que trata de uniformar y absorber todo. Para vivir una existencia gobernada por los instintos vitales finalmente liberados, los jóvenes están dispuestos a sacrificar muchos beneficios materiales. Estos jóvenes personifican ya al nuevo tipo de hombre, al nuevo Adán".

La oposición de estudiantes norteamericanos a la guerra de Vietnam sirvió también de modelo a los universitarios argentinos. En octubre de 1965 más de 100 mil estudiantes estadounidenses formaron parte del "Vietnam Day", en el que se pronunciaron en contra de la intervención. Ese mismo año ya había tenido lugar una manifestación masiva de protesta contra la guerra, organizada por la agrupación Students for a Democratic Society. Se contagiaron asimismo las universidades europeas, como ser las de París, que el 28 de Noviembre de 1966 celebraron 'las seis horas con Vietnam', en un comité presenciado por Jean Paul Sartre. Estas movilizaciones dieron lugar a la creación de grupos izquierdistas entre la juventud universitaria.

Del mismo modo, la corta pero significativa Primavera de Praga de 1968 pudo haber servido de antecedente de hechos ocurridos en nuestro país. Luego de largos años bajo el régimen rígido de Novotný, con la asunción del mandatario de tendencia socialista Alexander Dubcek a la presidencia de Checoslovaquia, el pueblo había tenido acceso a la libertad de expresión, la libertad de prensa, el pluralismo y la democracia. Pero el 20 de Agosto de ese mismo año, las fuerzas de la Unión Soviética, disconformes con las transformaciones introducidas por Dubcek, decidieron intervenir: entraron a la capital y, si bien el pueblo opuso una resistencia pacífica, hubo decenas de muertos, principalmente jóvenes. A pesar de esto y de la represión que vino después, los valores que durante esos meses adquirió el pueblo checo no pudieron ser desarraigados, e hicieron eco en otros países del mundo, que habían visto la liberación en manos de Dubcek con la misma ilusión que el pueblo de Checoslovaquia.

En los sesenta la juventud alrededor del mundo se globalizó. Los adolescentes se fragmentaron en 'tribus urbanas', de acuerdo con sus ideas políticas y la música que escuchaban.  En contraste a la década del 50, la Argentina y el mundo se caracterizaron por la actitud crítica, provocativa y contestataria de sus jóvenes, su conciencia social, la utilización de las ideologías y la música como refugio, escudo y principal medio de expresión. Los jóvenes eligieron los componentes de su identidad para diferenciarse del mundo adulto caracterizado por el consumismo, la formalidad, la rigidez, la indiferencia hacia los asuntos políticos y otros valores que consideraban arcaicos y reprochables. Decía la canción 'Que sea el sol', de Pedro y Pablo, uno de los primeros grupos del rock nacional, originado a fines de la década:

 

"Sabés que con tu forma de ser libre,

estas edificando libertad,

con esa tu costumbre de colores,

y tu conocimiento sensorial.

 

Sabés que somos muchos en la tierra.

los que vivimos música y amor,

mas allá de países y fronteras,

en una compartida dimensión."

 

 

La música juvenil funcionó como medio de propagación del cambio de mentalidad en todo el mundo. Aparecieron músicos como Bob Dylan, John Lennon, Pink Floyd, los Rolling Stones, que coexistieron con la música de tipo más frívolo como la de Elvis Presley y los Bee Gees. Este movimiento tuvo su corriente análoga en Argentina: grupos como Almendra, Sui Generis y Los Gatos nacieron en oposición a los ‘nuevaoleros’ representados por cantantes como Palito Ortega, Violeta Rivas y Johnny Tedesco.

Un movimiento joven destacado fue el hippismo, el cual se centraba en la oposición a la guerra de Vietnam, la negación de la sociedad de consumo y el márketing, la libertad sexual y las críticas a la discriminación racial. En respuesta a los llamados ‘ejecutivos’, gente de costumbres, racionalismo y formalidad, aparecieron los hippies con sus cabellos largos, su vestimenta desaliñada y su vida desestructurada. Reivindicaban lo artesanal sobre lo industrial. En Argentina no tuvieron el mismo protagonismo que en otros países del mundo, pero era posible encontrar muchos ejemplos de ese nuevo movimiento en la zona del Instituto Di Tella. También se reunían en ferias, que funcionaban como punto de venta de sus artesanías y espacios de encuentro. En 1960 se establecieron las primeras en nuestro país.

En 1969 se llevó a cabo el Festival de Música y Artes de Woodstock, en Estados Unidos, al que asistió medio millón de personas. La consigna era ‘tres dias de paz’. Fue básicamente la reunión de la colectividad hippie, y durante las treinta y seis horas predominó ‘el sexo, el rock n’roll, las drogas y la paz’. Algunos lo ven como un ejemplo del cambio de pensamiento, el símbolo de la contracultura, mientras otros lo consideran un acto depravado, descontrolado y hedonista. Entre los músicos que participaron del concierto figuran Janis Joplin, Santana, The Who y Joe Cocker.

Los fallidos intentos de liberación de otros países satélite de la Unión Soviética, las consecuencias evidentes del mundo polarizado, las luchas por la independencia en África, el asesinato de Martin Luther King Jr., las diferencias entre la Unión Soviética y la República Popular China, las nuevas corrientes de pensamiento y comportamiento, el éxito de la Revolución Cubana y la manera en que se desenvolvió la nueva Cuba bajo Fidel Castro, el ascenso del socialismo en Chile, el ejemplo de dar la vida por 'la causa', todas propiciaban el espíritu revolucionario y la propagación de ideales antiimperialistas, socialistas y utopías libertarias, que afectaron también a la juventud argentina, que ya contaba con una trayectoria de violencia nacida en 1930. A partir de esto se generó un círculo vicioso: las nuevas ideas que se apropiaron principalmente los estudiantes se acallaron con represión y la censura, y estas a su vez generaron nidos de violencia, idas y vueltas que marcaron la década siguiente de nuestra historia.

 

 

 

3. LA UNIVERSIDAD EN EL PERONISMO

La acción 'peronizadora' del gobierno de Juan Domingo Perón no esquivó a la universidad. Luis Quesada, investigador en la Fundación Campomar y alumno de la facultad de Ciencias Exactas en el ‘66, lo resume en una oración: "Era la época de alpargatas sí, libros no".

La educación universitaria quedó relegada a un segundo plano ya que el gobierno solamente tenía en cuenta a los elementos que encajaran dentro del modelo autoritario. Solo dio respaldo a eventos culturales y educativos cuyo fin fuera fortalecer el régimen. A las materias obligatorias de las carreras se le agregaron cursos dedicados a la cultura filosófica y al conocimiento de la 'doctrina nacional', a los que el estudiantado se rehusó a asistir.

En 1946, un mes después de asumir el general Perón, las universidades fueron intervenidas bajo el pretexto de infiltración marxista y rebeldía estudiantil. En esa oportunidad hubo renuncias y exilios de profesores a Europa, Estados Unidos y América Latina, la primer fuga de cerebros importante del país. En 1947 se sancionó una ley que abolía la autonomía universitaria, pero permitía que los decanos de las facultades fueran designados por sus respectivos consejos directos. La ley 14.297, sancionada en 1954, restó ese derecho al estudiantado, y estipuló que los decanos serían en adelante elegidos por el rector de la institución, nombrado por el Poder Ejecutivo. Además, señalaba que debía haber en cada consejo directivo un estudiante perteneciente a un sindicato.

En contraposición a la Federación Universitaria Argentina, durante el gobierno peronista se creó la Confederación General Universitaria la cual, a diferencia de los sobre-vigilados y desprovistos establecimientos de los centros de estudiantes, poseía instalaciones lujosas y extravagantes. Durante el gobierno peronista, los Centros de Estudiantes, preocupados por mejorar el nivel de la universidad, trabajaban en la semiclandestinidad, desde afuera de las facultades. Sus dirigentes eran detenidos frecuentemente. Asimismo, intelectuales, escritores y artistas opuestos al régimen formaron agrupaciones extra-universitarias donde poder ejercer el librepensamiento, muchos de los cuales fueron perseguidos, expulsados y encarcelados por motivos políticos.

La revista Sur, fundada por Victoria Ocampo en 1931, reunía a miembros de la oposición y exaltaba el valor de las ideas de pensadores independientes como Borges, Bioy Casares, Sábato, Silvina Ocampo, Cortázar, María Elena Walsh, J.J. Sebreli y otros. Se trataba de una publicación elitista que intentaba dar refugio a la libertad de expresión, siempre que se mantuviera contraria a la cultura oficial.

En 1953, el historiador José Luis Romero fundó la revista Imago Mundi, que albergaba en su redacción a universitarios que deseaban planear la universidad posperonista (se sabía que tarde o temprano -más temprano que tarde-, caería el régimen) y mantener actualizado el conocimiento, el cual se encontraba congelado en los lugares donde en realidad debía modernizarse y difundirse. Los contenidos estaban desactualizados, como ejemplificó Manuel Sadosky: "La relatividad, que era de 1905, prácticamente no se estudiaba".

Irónicamente, fue una fábrica de calzado la que aportó el capital inicial para la publicación de Imago Mundi. La revista contó con colaboradores extranjeros como José Ferrater Mora, Claudio Sánchez Albornos y Rodolfo Mondolfo. Sus protagonistas argentinos fueron, entre muchos otros, Francisco Romero, Jorge Romero Brest, Tulio Halperín Donghi, Jorge Laforgue y Jorge Graciarena, todos alejados de la universidad, ya que en la elección de profesores se veían favorecidos los de tendencia peronista. Aquellos con mejor formación se mantenían dando clases particulares o con grupos de estudios, o realizando tareas no directamente vinculadas a su formación. Manuel Sadosky, por ejemplo, realizaba trabajos editoriales, cuando contaba con un doctorado en Matemáticas y estudios en el exterior. José Luis Romero viajaba a Montevideo todas las semanas para dar clase. Igualmente desestimados eran los protagonistas del mundo intelectual: el oficio de Ernesto Sábato era crear palabras cruzadas para revistas populares, Jorge Luis Borges daba conferencias ante audiencias escasas. La cultura 'no oficial' no halló cabida, ya que la creatividad artística tenía sus límites en las fronteras ideológicas del peronismo.

En Noviembre de 1953 apareció Contorno, basada en las revistas Verbum, creada por el Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras (su publicación se frenó con el avance de la peronización sobre la universidad); Centro, otra publicación estudiantil, que duró hasta 1960 y Las Ciento y Una, creada en Junio de 1953, que no fue más allá de la primer edición. Los miembros de Contorno se oponían tanto al peronismo como a la intelectualidad elitista-gorila, representada por los colaboradores de Sur.

 

 

 

4. LA UNIVERSIDAD EN LA REVOLUCION LIBERTADORA

Con la Revolución Libertadora se llevó a cabo un cambio de autoridades y una modernización de la universidad. La misión principal era 'desperonizar' a la sociedad. Las nuevas caras del gobierno vieron en las facultades el instrumento más idóneo para lograr esto. Es por eso que les otorgaron tanta libertad, apoyo e independencia.

Con la elección de José Luis Romero como rector de la UBA en 1955 se dejó en claro que la renovación de la universidad quedaba en manos de los estudiantes. Mario Sadosky, quien fue vicedecano y profesor en Ciencias Exactas, fue parte del plantel que se dedicó a la reorientación de la enseñanza universitaria. En en libro La Noche de los Bastones Largos, de Sergio Morero, el doctor explica qué tenían en mente los universitarios posperonistas cuando diseñaron la nueva universidad: "En 1956 nuestro objetivo era crear una universidad moderna teniendo como modelo los países más avanzados [...] Trajimos profesores del exterior, que después empezaron a venir solos, y enviamos alumnos a otros países a especializarse".

En los primeros años se creó EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires), el CONICET, la Escuela de Salud Pública, el Departamento de Orientación Vocacional y el de Extensión Universitaria, nuevas carreras como Sociología, Ciencias de la Educación, Antropología y Psicología. Se aumentó la dedicación exclusiva del personal docente y de investigación, y se incrementó el número de becas para graduados y alumnos. También se construyó Ciudad Universitaria, la cual, de acuerdo con algunas opiniones, se creó con el fin de 'correr' a los estudiantes de Exactas, los más ruidosos, del centro de la ciudad. EUDEBA se convirtió en una de las editoriales más importantes de Latinoamérica, caracterizándose por editar libros a precios accesibles, en lugares concurridos como kioscos. Según indican, uno cada tres días. Se editaron principalmente obras escritas por autores nacionales. Esta editorial contribuyó a la creación un mercado ávido de lectura que ya venía perfilándose.

Produjo revuelo la autorización a la creación de universidades privadas. A partir del artículo número 28 del decreto-ley 6.405 reestablecido en el tercer año de la Revolución Libertadora, renunciaron el rector de la Universidad de Buenos Aires, José Luis Romero, y el Ministro de Educación, Atilio Dell’Oro Maini. Hubo importantes manifestaciones a favor y en contra. Panfletos de partidarios de la enseñanza libre expresaban: “Quieres la enseñanza laica? La tendrás para ti, pero no la impongas a los que son creyentes. – Libertad para todos!” (ver Apéndice) . El decreto no coincidía con la enseñanza laica, obligatoria y gratuita que promovía la ley 1.420. Incluso Risieri Frondizi, primer rector de la Universidad de Buenos Aires electo según el Estatuto Universitario reestablecido ese año y hermano del entonces presidente, se opuso a la reforma. El Congreso la aprobó a pesar de la oposición, y el presidente Arturo Frondizi dejó satisfecha a una de las corporaciones de más peso del país.

En 1958 se aprobó el Estatuto Universitario, que instauró nuevamente el gobierno tripartito de profesores, alumnos y graduados. Consistía de un Consejo Superior, en el que estaban los cinco representantes de los profesores, los cinco de los graduados y los cinco de los estudiantes. Este estatuto había sido propuesto temprano, en 1918, con la Reforma Universitaria. El 15 de Junio de ese año, estudiantes cordobeses, disconformes con la educación rígida, clerical y enciclopédica que recibían, presentaron el 'Manifiesto Liminar' (ver Apéndice), a través del cual pidieron que se les reconociera 'la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa'. Entre otras propuestas, incluían la eliminación de acomodados, la igualdad de oportunidades para acceder a la educación universitaria, la modernización de las cátedras y los métodos de enseñanza. El presidente Hipólito Yrigoyen escuchó sus demandas e implementó varias modificaciones gradualmente. Fue la primer manifestación notable de estudiantes, su primer logro, y al mismo tiempo la afirmación de la universidad en un rol activo dentro de la sociedad, que llegaría a su ápice en los años sesenta. 

Sin embargo, Manuel Sadosky sostiene que, si bien con la Reforma Universitaria se logró el gobierno tripartito, no se modificó la educación tradicional sino hasta la Revolución Libertadora. Los contenidos, estancados durante el gobierno peronista, se pusieron al día. Los planes de estudio estaban a la par de los avances científicos extranjeros. Graduados y profesores estaban en contacto con lo que sucedía en el exterior y lo volcaban en la universidad, por lo que la renovación del conocimiento fue constante.

 

 

 

5. LA UNIVERSIDAD HASTA 1966

En los años sesenta, el movimiento estudiantil ya estaba consolidado y era un actor importante en el país. Participaba a través de manifestaciones, debates y protestas. No se incluían en estas los estudiantes de las universidades privadas, las cuales no tenían un estudiantado politizado. Mientras estuvo el presidente Arturo Illia en el poder, las movilizaciones más grandes que organizaron las instituciones universitarias estatales tuvieron como eje la oposición a la invasión norteamericana a la isla de Santo Domingo. Estados Unidos promovía, a través de la OEA (Organización de Estados Americanos), la creación de una fuerza interamericana de intervención, a la que se invitaba a Argentina a participar.

El 12 de Mayo de 1965 tuvo lugar la convocatoria más numerosa: se reunieron en Plaza Congreso la FUA (Federación Universitaria Argentina), la CGT, la Liga Humanista, centros de estudiantes de la UBA, y representantes de los más diversos partidos políticos, como ser el Movimiento de Liberación Nacional, el Partido Comunista, la Guardia Restauradora Nacionalista, el Partido Justicialista, el Partido Socialista Argentino, la UCR del pueblo. Más de siete mil personas, a pesar de ser ideológicamente incompatibles, se juntaron para expresar su descontento ante el accionar de Estados Unidos e instar al gobierno a rechazar la propuesta. La manifestación representaba la esencia del espíritu universitario: si bien dentro de las facultades existía una pluralidad de convicciones, cada grupo dejaba a un lado sus intereses particulares cuando se trataba de conseguir un objetivo común. Eso fue lo que ocurrió en Plaza Congreso.

El desenlace del conflicto fue feliz -finalmente se acordó el no envío de tropas a Santo Domingo-, pero también hubo tragedia: al final de la movilización hubo enfrentamientos que resultaron en la muerte de un estudiante (Daniel Horacio Grinbank) y varios heridos de bala.

Los miembros de la FUA tenían una fuerte conciencia social y política. En el VII Congreso que realizaron en Octubre de 1965 reclamaron: "Apoyo estudiantil a los sectores populares en lucha por el mejoramiento de sus condiciones de vida, y supresión del régimen de explotación y dependencia en el camino de la liberación nacional", "la nacionalización de la industria, la banca y el comercio, en manos de monopolios imperialistas", "la reforma agraria radical y profunda" y "la necesidad de una política exterior independiente".

En 1965, el doctor Julio Olivera, entonces rector de la UBA, renunció, y hubo elecciones para elegir una nueva autoridad. El motivo de su renuncia fue el rechazo estudiantil a la visita del profesor estadounidense Walt Rostov, uno de los economistas que fundaron el desarrollismo. Los candidatos para el reemplazo de Olivera fueron Rolando García e Hilario Fernández Long, que representaban al humanismo y el reformismo respectivamente, las dos corrientes de más peso dentro de la universidad.

El humanismo se formó en la década del cincuenta, y, si bien incluía gente de distintas religiones, comenzó siendo un grupo católico. Tiene su base en el libro Humanismo Integral, de Jacques Maritain, que proponía la apertura del cristianismo. Apoyaban la enseñanza libre y la intervención de la religión en la educación.

Luis Quesada, de tendencia reformista, describe al humanismo como "la derecha católica más los peronistas confesos, porque ser peronista en la facultad era mal visto". Ludovico Ivanissevich, Secretario General de la UBA durante los rectorados de Olivera y Fernández Long y partidario del humanismo, consideraba que reformistas y humanistas tenían las mismas ideas -gratuidad de la enseñanza, libertad de cátedra, conciencia social-, pero se diferenciaban en ser más cerrados los primeros. Ivanissevich explica que el humanismo estaba en contra del autoritarismo del gobierno de Perón del ‘45, de carácter fuertemente fascista.

El reformismo, encabezado por Rolando García y Manuel Sadosky, era de tendencia izquierdista y había comenzado con la Reforma de 1918.

Los reformistas opinan que Fernández Long, si bien era humanista, se comportó como uno de ellos, a lo que él responde que "los reformistas consideraban a los humanistas peores de lo que en realidad eran, a pesar de que compartían muchas de sus ideas [...] En realidad yo actué de común acuerdo con los humanistas, no es que a pesar de ser humanista actué así". Y agrega que "con los reformistas éramos enemigos políticos, pero cuando llegó el momento en que las papas quemaron se dieron cuenta de que estábamos todos del mismo lado". Esto afirma nuevamente que en los ámbitos universitarios, en contraste con lo que ocurría en la sociedad, las personas no dejaban que sus individualidades las distrajeran a la hora de resolver problemas que iban más allá de una postura política. La universidad no estaba despolitizada, había discusiones políticas permanentemente, pero no se permitía que diferencias ideológicas entorpecieran su progreso. "Ese intento de suprimir en gran medida las ideologías para defender los principios fue algo que le molestó especialmente a la policía", comentó Luis Quesada.

Además de humanistas y reformistas, había en ese nido ideológico agrupaciones trotskistas, radicales, comunistas ortodoxos, comunistas disidentes. Si bien no había censura, hubo en un principio una doctrina, la peronista, que era despreciada por los universitarios. Más tarde la concepción negativa que se tenía del peronismo se fue abriendo y los intelectuales comenzaron a comprenderlo desde un ángulo distinto. Esto se debió en parte a los movimientos obreros identificados con el justicialismo y la difusión de publicaciones peronistas como la revista ‘Envido’.

Todas las figuras principales de la universidad, los alumnos que cursaron en esa época e historiadores coinciden en que en los primeros seis años de la década la institución vivió su "época de oro", su período de mayor esplendor. Dice Luis Quesada para el libro de Morero: "La sensación era como si en un pueblito de morondanga hubiese un equipo de básquet que no solo le gana a todo el mundo, sino que comienza a competir internacionalmente y entra a ganar, a ganar y a ganar. Había una mentalidad ganadora, en el buen sentido de la palabra".

En 1960, con la creación del Instituto de Cálculo, comenzó a estudiarse computación en el país, y se importó de Inglaterra la primera computadora, nombrada 'Clementina'. Le eligieron ese apodo porque emitía un sonido muy parecido a la canción inglesa 'Clementine', aunque más adelante le enseñaron a tocar un tango. Fue la primer computadora que llegó a Latinoamérica. Científicos de otros países venían al país con el objeto de trabajar en ella. En la entrevista publicada en la edición no. 43 de la Revista Estrategas, Manuel Sadosky recuerda: "Yo hice la propuesta a la Facultad y ésta al Consejo de Investigaciones que, presidido por el doctor Bernardo Houssay, aceptó la compra. Recuerdo que costó 300.000 dólares. Fue la primera vez que el Estado otorgó un subsidio de esa magnitud a la investigación científica".

Una de las principales peleas entre la universidad y el gobierno era el tema del presupuesto. Y, una vez que se llegaba a un acuerdo acerca del monto, aparecía el conflicto entre decanos para distribuirlo. "Ahí aparecía Rolando García, que era un tipo muy peleador y muy rudo, y cuando se trataba de presupuesto agarraba y agarraba plata y los vencía a todos. Gracias a eso, él tenía una Facultad que andaba bien, porque las cosas se hacen con dinero",  cuenta Fernández Long. García era precisamente el decano de la facultad de Ciencias Exactas, la que tuvo mayor desarrollo durante el período.

Había quienes consideraban que el hecho de que el estudiantado tuviera incidencia en la elección de profesores y el manejo de la universidad en general, hacía que la exigencia fuera menor. Pero según cuenta Fernández Long, en realidad eran ellos los que más se preocupaban porque se eligiera personal de buen nivel. Otra de las críticas que se le hace a la universidad de esta época es que el acceso a participar de los cargos más altos le quedaba restringido a quienes no tuvieran promedios perfectos.

Ante la acusación de que las personas con menor poder adquisitivo no podían ingresar a la universidad, Fernández Long dice que se trata de una imputación falsa. Explica que era gratuita, que  incluso había muchas más becas que hoy en día, y que se intentaba hacer que la gente precisara el menor dinero posible para estudiar.

Hubo además conflictos dentro de la misma institución sobre si debía aceptarse o no asistencia económica extranjera, en forma de colaboraciones, subsidios, becas, etc. Algunos, como Manuel Sadosky, se oponían con el fin de prevenir posteriores contraprestaciones, mientras que otros como Rolando García las aceptaban porque veían en ellas una forma de acelerar el progreso de su facultad.

A nivel académico la universidad era excelente, y este éxito se trasladaba asmimismo al plano social. Los estudiantes prácticamente vivían en la facultad, organizaban partidos de ajedrez, campamentos, grupos de cine. Cristina Wisnivesky, actual profesora de Parasitología en la UBA, recuerda que una vez su padre le dejó una nota en la facultad pidiéndole una foto suya porque hacía quince días que no la veía. La universidad, como el Instituto Di Tella, se habían convertido en el centro de encuentro de la nueva juventud y el medio de difusión de sus innovaciones científicas, políticas, ideológicas y artísticas.

 

 

 

6. LA UNIVERSIDAD EN LA REVOLUCION ARGENTINA

El golpe de estado que derrocó al presidente Arturo Illia se llevó a cabo el 28 de Junio de 1966, luego de una extensa campaña psicológica cuyo fin fue desprestigiar al régimen que había sido establecido democráticamente en 1963. El presidente derrocado se rehusó a ser trasladado a su domicilio en un coche militar, y lo hizo en un taxi que pagó de su bolsillo.

Una semana antes del golpe, la revista Primera Plana hacía notar que incluso los diarios extranjeros ya lo predecían. En una columna se hacía un resumen de las menciones en la prensa internacional sobres de los rumores del derrocamiento. Solamente Brasil se pronunció en contra de este.

- Le Monde, París, 9 de Junio: "El gobierno Illia, presionado desde la izquierda, emplazado por los jefes del Ejército, trata incómodamente de sobrevivir hasta las próximas elecciones generales".

- The Times, Londres, 14 de Junio: "Las conspiraciones y conflictos laborales en la Argentina y la perspectiva de un régimen militar de indefinida duración en Brasil, demuestran que ambos países buscan todavía la estabilidad política... El reverso de la moneda [brasileña] se encuentra en la Argentina, donde hay un gobierno constitucionalmente electo que carece de fuerza para resolver los graves problemas económicos que lo acosan... De un año a esta parte hay rumores de un inminente golpe de las Fuerzas Armadas. Como los gobernantes brasileños, algunos militares argentinos han dicho que aunque no creen en el régimen militar, creen sí en la solución de los problemas económicos. Quizá actúen. Si lo hacen, alegarán que el gobierno militar es el menor de los males".

- Ya, Madrid, 14 de Junio: "El presidente argentino se encuentra entre la espada y la pared. De una parte, trata de hallar solución a la crisis en sucesivas reuniones del gabinete de ministros. De otra parte, los altos mandos militares discuten con el teniente general Pistarini la posibilidad de tomar cartas en la crisis política. El muro lo forman conflictos de índole económica, política (avance del peronismo) y docente (huelgas estudiantiles). Illia negocia una coalición con las fuerzas políticas no peronistas, a fin de poner fuera de la ley al peronismo y... seguir tirando. ¿Pero hasta cuando?".

- Correo, Lima, 15 de Junio: "Las Fuerzas Armadas de la república del Plata están dando señales de agitación, descontento, resistencia a la autoridad y, en general, psicología prerrevolucionaria, de tal naturaleza que justifican el temor de que el gobierno de don Arturo Illia corra la misma suerte que el gobierno de don Arturo Frondizi... Infortunadamente, el gobierno de Illia, aunque de título limpio, parece atacado de parálisis. A diferencia de Frondizi, Illia no sabe lo que hay que hacer ni lo que hay que enderezar".

- Le Monde, París, 15 de Junio: "Para salvarse, el gobierno de Illia hizo importantes concesiones a los jefes de las Fuerzas Armadas. Por lo demás, la suerte del presidente Illia estaría ya determinada si las Fuerzas Armadas no se hallasen divididas. La Marina preferiría permanecer en la legalidad. La Aeronáutica estaría vacilante. En el Ejército, la mayoría de los generales sería favorable a una acción inmediata, mientras que otros desearían contemporizar".

- Diario de Noticias, Rio de Janeiro, 16 de Junio: "Un golpe en la Argentina, posible para unos y probable para otros, pero que nadie atreve a calificar de inevitable, sería una catástrofe para otros países y para América latina sería un retroceso más".

- La Prensa, Lima, 16 de Junio: Una caricatura muestra a un grupo de militares frente a un grupo de civiles entre los cuales se halla el Presidente Illia. Un militar dice: "Daremos el golpe de inmediato". Illia responde: "No, todavía no, esperen un poco".

- Newsweek, Nueva York, 20 de Junio: En un extenso artículo sobre América latina, escrito luego de un viaje por México, Venezuela, Brasil, Argentina y Chile, el jefe de Redacción Robert Christopher expresa: "En la Argentina, por ejemplo, Edwing M. Martin, el hábil Embajador norteamericano, se esfuerza por impedir un golpe militar contra el actual régimen alegando que los Estados Unidos 'han respaldado tradicionalmente... a los gobiernos elegidos en procesos constitucionales democráticos'. Hay dos fallas en este argumento: una, que la constitucionalidad del presente Gobierno argentino es altamente cuestionable; otra, que un régimen militar podría, en realidad, preparar el camino para la restauración de algo más próximo a un verdadero gobierno representativo en la Argentina. Pero, sea como fuere, me parece sumamente discutible que el Gobierno de los Estados Unidos posea la sabiduría necesaria como para juzgar los problemas internos de la Argentina o los de las otras diecinueve naciones de América latina".

Para el ex-rector de la UBA, Hilario Fernandez Long, la Revolución Argentina en sí tuvo como fin intervenir las universidades. Dijo: "Los militares lo presionaban desde hacía un año, pero el presidente nunca quiso hacerlo, a pesar de que sabía que corría el riesgo de que lo echaran. Defendió la autonomía universitaria hasta último momento".

Las revistas Confirmado y Primera Plana se encargaron de convencer a la opinión pública de que la intervención de las Fuerzas Armadas era la única manera de escapar del, según ellas, ineficiente mandato de Illia.

Muchos argentinos festejaron el golpe, muchos otros le fueron indiferentes. Los diarios Clarín, La Nación y el Buenos Aires Herald le dieron una grata bienvenida. El último describió a los golpistas como "los revolucionarios mejor educados de América Latina". Algunos países lo celebraron y reconocieron al nuevo gobierno inmediatamente, el apoyo de otros llegó tiempo después. La UBA, desde su Consejo superior, y la FUA, fueron de las pocas instituciones que lo denunciaron. El rector de la universidad tenía una visión distinta del presidente Illia de la que la prensa se había encargado de difundir. Contrario a lo que opinaban los medios de difusión, en el ámbito universitario se lo consideraba un hombre ejecutivo, rápido y decisivo.

El 28 de Junio de 1966 a las cuatro de la madrugada, el rector de la universidad emitió un comunicado provocante con el consentimiento del Consejo Superior, en el que se enunciaba lo siguiente: "En este día aciago en el que se ha quebrantado en forma total la vigencia de la Constitución, el rector de la Universidad de Buenos Aires hace un llamado a los claustros universitarios en el sentido de que sigan defendiendo como hasta ahora la autonomía universitaria, que no reconozcan otro gobierno universitario que el que ellos libremente han elegido de acuerdo con su propio estatuto, y que se comprometan a mantener vivo el espíritu que haga posible el restablecimiento de la democracia."

El primer ministro de Educación nombrado bajo el régimen de Onganía fue Carlos Gelly y Obes. Luego fue reemplazado por José M. Astigueta y más tarde por Dardo Pérez Guilhou. El segundo afirmó que Argentina era el único país del mundo carente de problemas estudiantiles. Los ministros de Educación de Onganía favorecieron la educación privada e hicieron pocas reformas. Carecieron de una política educativa clara.

En 1967 se sancionó la ley 17.245 que prohibía cualquier tipo de militancia política dentro de la universidad. El entonces ministro de Educación explicó que se trataba de una medida para frenar la "subversión interna". En el plano positivo, restituía la designación de profesores por concurso y aceptaba la designación de rectores y decanos por la asamblea universitaria o el consejo académico. Pero la ley en realidad comenzaría a regir años más tarde.

Durante la Revolución Argentina se crearon nuevas universidades nacionales en Rio Cuarto, Comahue, La Pampa, Luján, Patagonia, Lomas de Zamora, Catamarca, Salta y Misiones. También se creó la ley 17.604, que regulaba la actividad de las universidades privadas. Estipulaba que no debían tener fines lucrativos y que su estructura interna debía quedar a cargo de ellas mismas. El Estado podía intervenir como agente de control fiscal.

En 1967 la Federación Universitaria Argentina publicó un documento donde se revelaba la creación de "una fuerza conjunta obrero-estudiantil que, junto a otros sectores populares, abra nuevos rumbos a la política del país". Se trataba de la FAUDI, una agrupación de partidarios del peronismo revolucionario, el Partido Comunista y otros grupos estudiantiles radicalizados. Durante los años siguientes hubo importantes manifestaciones estudiantiles, la mayoría de las cuales acabaron con enfrentamientos entre el grupo de alumnos y obreros, y la policía. Estudiantes y trabajadores resultaron heridos de muerte, y se engendró más bronca y violencia en la sociedad. Ese mismo año se creó el grupo guerrillero montoneros el cual, un año después, secuestró y asesinó al general Pedro Eugenio Aramburu. También en 1969 se crearon las  FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y un año después nacieron el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo).

En 1971 se devolvió a la Universidad de Buenos Aires la posibilidad de elegir a los profesores por concurso. Poco a poco, bajo el rectorado de Andrés Santas, se fueron reponiendo algunas libertades a los estudiantes, pero la necesidad de expresión contenida era tal para ese entonces que cada libertad concedida resultaba en desorden y descontrol. El Estatuto Universitario volverá a regir normalmente con la vuelta a la democracia en 1983.

La censura del gobierno de Onganía alcanzó a la Universidad, y se extendió también a los demás sectores de la sociedad. Era cierto aquello de lo que se quejaban Pedro y Pablo en La Marcha de la Bronca, en 1970: "está prohibido todo, hasta lo que haré de cualquier modo" (ver Apéndice). Se persiguió a parejas de enamorados en las plazas, se censuró el humor político y la existencia de partidos, la vestimenta hippie, el cabello largo, se clausuraron locales nocturnos y hoteles alojamiento, se prohibió el uso de minifaldas y pantalones a las mujeres en las escuelas y oficinas públicas, y todas las expresiones culturales en general debieron pasar por un riguroso filtro censor. Sin embargo, durante este gobierno, el mercado editorial argentino creció sorprendentemente. Más que nunca se consumieron novelas, ensayos, biografías, diccionarios, cuentos, obras infantiles y manuales escolares. Esto, más la resistencia de intelectuales y estudiantes, demostraba que el freno que se intentaba poner a la expansión de la cultura no estaba siendo totalmente efectivo. No era posible erradicar la necesidad de cultura por completo. Ahora el librepensamiento se gestaba en secreto.

El ataque y deterioro de las universidades durante el gobierno de Onganía no solo trajo perjuicios en la esfera intelectual, sino también en la economía y la política. La interrupción de la educación no permitió que se formaran profesionales preparados e instruidos con técnicas y contenidos actualizados. Con el anclaje de la instrucción se puso freno simultáneamente a la modernización y el progreso de la Argentina. Los, teóricamente, objetivos del golpe de 1966.

 

 

 

7. LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS

 

7.1. LAS CAUSAS

Existen distintos hechos que pudieron haber funcionado como causa de La Noche de los Bastones Largos. No es posible determinar con certeza cual fue el principal. Algunos le dan más importancia a unos –la mayoría vota por la infiltración comunista en el ámbito universitario-, mientras que otros creen que influyó más de un factor a la vez.

Ya en 1965 los militares habían visto con malos ojos la influencia que el sector universitario había tenido en la decisión del presidente de rechazar la intervención en Santo Domingo. Gregorio Klemovsky, docente de la UBA en esa época, rememora: "La UBA pidió una entrevista con Illia, estuvieron varios docentes, graduados, profesores y estudiantes. Yo participé de esa reunión, como profesor y miembro del Consejo Superior Universitario. Expusimos buenas razones contra la participación argentina en la isla centroamericana, basadas en la doctrina Drago de no intervención y de la tradición neutralista radical. Fue poco tiempo después de esa charla que el presidente terminó de decidir el no envío de tropas. A los militares no les hicieron ninguna gracia ni la postura ni la gestión, y terminaron por convencerse de que éramos comunistas’.

En realidad las Fuerzas Armadas y los estudiantes sostenían una relación conflictiva desde hacía años. Los últimos, que consideraban a los militares un instrumento del imperialismo norteamericano, les expresaban su repudio en cada ocasión que se presentaba. Algunos consideran que la gota que rebasó el vaso y que potenció todavía más la discordia fue un hecho que ocurrió el 19 de Octubre de 1965 durante un acto oficial organizado en conmemoración del aniversario del fallecimiento del general Julio A. Roca. La ceremonia se llevó a cabo en la esquina de Diagonal Sur y Perú, la misma intersección en la que estaba la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Estaban el presidente Arturo Illia, el vicepresidente Carlos H. Perette, el ex presidente José María Guido, Juan Carlos Onganía, el brigadier Carlos Conrado Armanini, los generales Ignacio Ávalos y Rosendo Fraga, y otros representantes de las Fuerzas Armadas. En medio del acto comenzaron a escucharse insultos y los ruidos de monedas de cincuenta centavos y un peso que caían sobre los generales desde los balcones de Exactas. El jefe de policía opinó que el incidente había sido culpa de la autonomía universitaria.

Otro de los motivos que pudieron ser causa de la Operación Escarmiento fue el rechazo de la universidad hacia el gobierno inconstitucional. Siendo esta casi la única institución que se proclamó en contra del golpe de estado explícitamente, era peligrosa para la permanencia y aceptación del nuevo régimen en la sociedad argentina y también a nivel mundial, ya que lo que la universidad realizaba, fuera a nivel científico, intelectual o social, tenía repercusión en el exterior.

Los protagonistas de La Noche de los Bastones Largos no se ponen de acuerdo cuando explican cuál fue la causa del operativo. Luis Quesada piensa que el detonante fue el acto de provocación de los estudiantes de Exactas el 19 de Octubre, del cual el no participó. En cambio, para el entonces rector Fernandez Long, "el episodio en sí fue más que nada una venganza contra el decano de Exactas, Rolando García, porque los militares le tenían mucho odio a la gente de izquierda y pensaban que la universidad era un nido de comunistas". En esto coincide Sergio Ivanissevich. La infiltración de ideas de cariz marxista, como ya fue mencionado, también figura en la lista de los principales motivos que llevaron a los militares a intervenir la universidad. Existe una teoría que afirma que la condena a Ciencias Exactas la marcó la conversión al comunismo de un hijo de un general que estudiaba en esa facultad y estaba fascinado con el ambiente.

Contó también Fernandez Long para el libro de Sergio Morero, que la persecución comunista llegó a tal punto que en 1965 la Cámara de Diputados ordenó al ministro de Educación, Carlos Alconada Aramburú, que preguntara si el comunismo estaba infiltrado en la universidad.

Ivanissevich menciona también como factor significativo la consigna del Pentágono y la Casa Blanca que llevó el nombre "doctrina de seguridad nacional", que instaba a los jefes de ejército americanos a garantizar los valores nacionalistas e intervenir cuando estos se vieran amenazados por el comunismo. Onganía había mostrado públicamente su adhesión a esa recomendación.

Para el psicoanalista Antonio Barrutia, dirigente estudiantil entre 1953 y 1960, el problema fue la intolerancia: "Algo como La Noche de los Bastones Largos era inevitable, porque el gobierno de facto no iba a poder manejar la Universidad, que era fuerte, tenía un alto grado de compromiso y no se iba a rendir fácilmente. Ninguno podía convivir con el otro".

También, el cambio en la forma de ver al peronismo por parte de los universitarios -primero lo despreciaron, luego pudieron entenderlo, lo aceptaron, lo adoptaron, lo moldearon- fue algo que alarmó a las Fuerzas Armadas. Explica Alicia Spiegelman, geóloga recibida en la UBA: "Lo empezamos a ver desde un punto de vista no gorila e idealista. Y desde ese momento el peronismo empezó a ser algo fantástico". La nueva generación compuesta por los hijos de los antiperonistas de los adeptos a la Revolución Libertadora, se separó de sus predecesores. También, la prohibición del justicialismo y el sindicalismo peronista desde el gobierno llevaron a una revisión de esa doctrina. Hubo quienes se convirtieron al peronismo, quienes se mantuvieron en su posición original, y quienes eligieron una tercera posición, creando nuevos partidos, de porte socialista, comunista y humanista.

Simultánea a la campaña periodística realizada para desprestigiar al presidente Illia, se llevó a cabo una contra la universidad. Se utilizó el pretexto de que esta no contribuía a mejorar la realidad nacional ni se adaptaba esta. Poniéndose en duda su valor y el de las ciencias en general, se dio a entender que se podía prescindir de ella.

Uno de los argumentos que se utilizó para restarle importancia a la actividad universitaria fue que la institución era una "isla" que no se relacionaba con la realidad del país. Ante esto, algunos, como Fernández Long, opinan: “Eso era una pavada, porque todas las universidades son una élite. Allí es donde está la gente más culta de un país. [...] Se resolvían problemas pero a un nivel alto y para el que no era universitario y no tenía cultura, eso le parecía una isla". Luis Alberto Romero acierta en denominarla "isla democrática". Visto desde ese lado sí lo era y, especialmente luego del golpe, se alejaba de la realidad nacional por su gobierno interno no autoritario. Los militares se encargaron de tergiversar esto de manera que el carácter democrático de la universidad fuera visto como una amenaza no solo para el gobierno de facto, sino para la sociedad en su conjunto.

En cuanto a la "isla", hay otra postura que indica que la universidad lo era, no porque esta se aislara, sino porque el resto de la sociedad no mostraba preocupación sobre lo que allí sucedía.

Otra crítica que los medios y la gente le hacían a la universidad era su 'cientificismo'. Por cientificismo se entiende la tendencia a conceder una importancia prioritaria o exclusiva a los conocimientos y métodos científicos, especialmente a los de las ciencias exactas y experimentales. A esto, Fernandez Long replicó que "la universidad debe ser cientificista" y que "lo que ocurre es que las críticas provenían de gente inferior y mediocre", mientras que Sadosky opina que, por el contrario, la institución estaba muy ligada con la sociedad, y cita trabajos realizados para YPF y Ferrocarriles Argentinos. En conjunto con la facultad de Ingeniería, además, se creó el Departamento de Industrias, con el objeto de fomentar el desarrollo industrial. Alicia Spiegelman, en cambio, sostiene que si la universidad no estuvo muy familiarizada con la realidad nacional se debió a que "acá hubo siempre una total desvinculación de la industria respecto de los centros de formación técnicos y científicos. El empresario nacional prefería el 'lo arreglamos con un fierrito'".

La permanente fricción entre policías y estudiantes puede entenderse como una causa de la violencia que tuvo lugar el 29 de Julio de 1966. No solo los militares tenían un ensañamiento contra la universidad, sino también la policía. Luis Quesada sostiene que dicha antipatía estaba vinculada con las manifestaciones frecuentes que los alumnos organizaban. Según él y Rolando García, muchas veces oficiales intentaron ingresar en la Universidad alegando que había manifestantes ocultándose en el establecimiento. Cada vez que la policía intentaba entrar en el edificio, los estudiantes silbaban, insultaban o, a través de métodos como tirarles víboras y sustancias químicas desde los pisos superiores, los expulsaban de la facultad.

Todos o una parte de lo enumerado pudo haber dado origen a lo acontecido durante La Noche de los Bastones Largos y la dictadura de Juan Carlos Onganía. Más allá de las causas que pudieron llevar a la intervención, la realidad es que luego de la Operación Masacre se produjo una diáspora de talento y un deterioro de la universidad que aún no ha podido revertirse.

 

 

7.2. LOS HECHOS

El viernes 29 de Julio se dio a conocer el decreto 16.912, que anulaba el Estatuto reinstaurado en el año 1958, y subordinaba a los rectores y decanos de las ocho universidades nacionales al Ministerio de Educación.

El artículo 5 de esa ley indicaba que "el Ministerio de Educación queda facultado para resolver las situaciones no previstas en esta ley, especialmente aquellas que afecten la paz y el orden interno de las universidades, su funcionamiento normal y sus armónicas relaciones con el gobierno nacional", y además prohibía la actividad política de los centros de estudiantes o cualquier agrupación. En el artículo siete se informaba que "los rectores o presidentes de las Universidades Nacionales y los Decanos de sus facultades respectivas deberán comunicar personalmente al ministerio de Educación, dentro de las cuarenta y ocho horas de publicada esta ley, la asunción de las funciones que en ella se les atribuyen. La falta de comunicación oportuna autorizará al Ministerio de Educación a considerar vacante el cargo y a proceder a llenarlo".

El rector de la UBA, el ingeniero Hilario Fernández Long, se fue a su domicilio, y sus asesores presentaron sus renuncias.

Las facultades se reunieron en asambleas para decidir qué actitud tomar. Mientras que una porción decidió no interrumpir las clases, otra de la que formaba parte la facultad de Ciencias Exactas optó por tomar el edificio.

De acuerdo con Fernández Long, en la universidad habían estado esperando la intervención desde el momento en que había asumido el general Onganía. Luis Quesada respalda esa afirmación: "Durante prácticamente un mes hubo 2 ó 3 amagos por semana de tomar la Facultad; traían los carros de la guardia de Infantería y nosotros cerrábamos las puertas del edificio porque el decano tenía miedo de que pasara algo". Cuando efectivamente ocurrió, ya había habido reuniones para discutir el tema y se había aconsejado no oponer resistencia ni tomar las universidades.

Por la noche del mismo día en que se emitió el decreto, la Guardia de Infantería entró y reprimió a alumnos y profesores en las facultades de Filosofía y Letras, Ingeniería y Arquitectura y Ciencias Exactas.

"Nosotros resolvimos resistir en un sentido simbólico, cerrando la puerta", explicó Manuel Sadosky. En su facultad preveían que la policía podía intervenir, pero no imaginaron que lo haría en forma tan violenta. A las once de la noche la policía ingresó en la facultad. Enviaron cinco carros de asalto, una autobomba y alrededor de cien agentes de la Guardia de Infantería armados con bastones de madera, escudos y armas de fuego, dirigidos por el jefe de policía Mario Adolfo Fonseca. No encontraron ningún tipo de resistencia agresiva por parte de quienes se encontraban dentro del establecimiento, pero aún así hicieron despliegue de violencia. Sadosky describe: "Cuando la policía ingresó, nosotros nos presentamos como responsables de la ocupación. Ya salíamos pensando que nos llevarían a una comisaría, pero entonces empezó una ola de violencia muy grande. Recuerdo que había muchos policías pegando con palos de madera [...] nos pusieron contra la pared del patio [...] las mujeres eran golpeadas igual que los hombres". Renata, una docente del curso de ingreso de la Facultad, relata: "Cuando estábamos en el patio, oímos órdenes de un oficial que sugerían un simulacro de fusilamiento: 'Listos, preparados, apunten...'. Me agarré de la mano de lidia Pizzini, una amiga que estaba al lado mío y le dije: 'No nos pueden fusilar a todos, esto es ridículo'". No hubo fusilamientos, pero sí exposiciones de humor negro como la narrada por Renata.

Los ocupantes de la facultad salieron por la puerta de Perú 222, y a medida que lo hacían fueron golpeados por los policías con sus bastones. Hubo sangre, fisuras y fracturas. En el boletín número 2 de la Junta Coordinadora de Profesores, Graduados y Estudiantes de la Universidad de Buenos Aires, publicado quince días después de la intervención, se dio a conocer la siguiente información: "Heridos: Profesor Rolando V. García, fractura en una mano y contusiones generales; Dr. Manuel Sadosky, contusiones generales; Prof. Guillermo Sarmiento y S. ., con heridas cortantes; Prof. Carlos Varsavsky, herido en la cabeza; Lic. Arístides Romero, fractura de rodilla; Félix González Bonorino y Amílcar Herrera, contusiones generales".

Afuera estaban Luis Quesada y sus compañeros, que venían de la sede de Biología de la calle Moreno, la cual había sido destruida por la policía. Relata Quesada: "Ellos hablaron mucho, no sé si dijeron exactamente 'escarmiento', pero gritaban 'esta vez se la vamo a dar bien'. Además de los policías, afuera también estaban los integrantes de las bandas de ultraderecha, armados, circulando y reconociendo gente".

Dentro de la facultad de Ciencias Exactas se encontraba el estadounidense Warren Arthur Ambrose, catedrático del MIT, quien también recibió golpes e insultos. Lo primero que hizo cuando volvió a su residencia fue escribir una carta a un diario norteamericano relatando los hechos ocurridos (ver Apéndice) , que convirtió a La Noche de los Bastones Largos en un episodio de conocimiento mundial.

En el hall central de la Facultad de Arquitectura se encontraban reunidos el decano, profesores y alumnos. De repente entró al edificio un grupo de policías armados que comenzó a apalearlos. En la Facultad de Medicina y la de Ciencias Económicas se aceptó desalojar los edificios.

En resumen, durante la noche del 29 de Julio de 1966 se tomaron cinco facultades de la UBA: Ciencias Exactas, Filosofía y Letras, Ingeniería, Medicina y Arquitectura y Urbanismo, siendo la última la única en la que hubo agresión por parte de los estudiantes en respuesta a las atribuciones inapropiadas que la Guardia de Infantería de la Policía federal se tomaba con las alumnas. Entre las comisarías primera, segunda, cuarta y vigésimo segunda se registraron unos ciento cincuenta detenidos. Hubo además cincuenta docentes que no figuran en las listas, ya que fueron liberados esa misma madrugada. Quienes tenían antecedentes políticos o de militancia universitaria fueron soltados con demora.

 

 

7.3. LAS CONSECUENCIAS

Muy pocos rectores aceptaron convertirse en interventores. De acuerdo con Fernandez Long, "fueron dos o tres los que estaban con el golpe", la mayoría de las autoridades e investigadores renunciaron. El ex-rector menciona al decano de la facultad de Derecho, Marco Aurelio Risolía, como uno de los que adherían al nuevo régimen. En Agosto fue nombrado presidente de la Corte Suprema.

El rector nombrado luego de Fernández Long fue Luis Botet. De las demás facultades se hicieron cargo José F. Bidau, el almirante Antonio Marín, Andrés Santas y Armando Novelli. En Córdoba asumió Ernesto Gavier.

Hilario Fernández Long reconoció que "Botet fue un hombre correcto dentro de todo". Luego de La Noche de los Bastones Largos, el ex-rector volvió a ejercer como ingeniero y durante el gobierno de Raúl Alfonsín fue profesor emérito de la Facultad de Ingeniería.

Si bien las ocho universidades nacionales fueron intervenidas, solamente en la UBA hubo dimisiones masivas. De acuerdo con un trabajo de investigación realizado por Marta Slemenson en 1970, renunció el 22,4% del total de docentes (1378 personas). La mayor parte de las renuncias provino de la facultad de Ciencias Exactas (renunció el 77,4% del plantel docente y el 51,3% de los profesores titulares), Filosofía y Letras (renunció el 68,7% de sus docentes) y Arquitectura y Urbanismo (47,7% de dimisiones). Algunos critican la deserción de los profesores, argumentando que lo más leal habría sido que se quedaran para defender a la institución. Paralelamente, Luis Quesada opina que los que se quedaron eran "sin excepción, o gente de lo más jodida y lo más crápula, o gente sin conocimientos".  O, como dijo Spiegelman, "entró la mediocridad y el oscurantismo". En contraste, Ivanissevich opina que quedarse habría sido lo mismo que esperar a que los echaran uno por uno con el pretexto de ser procomunistas, lo cual habría sido una pérdida de tiempo. Otros señalan que dimitieron por una cuestión de dignidad.

Entre las tantas consecuencias de la Operación Escarmiento cabe destacar la desilusión y el desengaño. Mucha gente, alumnos y profesores, se quedó sin becas prometidas, sin trabajo y sin proyectos. Quesada no dio las materias que le quedaban por cursar ya que consideraba que la gente que debía evaluarlo no sabían siquiera el tema que iba a exponer. Otros alumnos también se negaron, y, como él, tardaron muchos años en recibirse. Cuenta Alicia Spiegelman que los alumnos que repudiaban el nuevo orden eran perseguidos y muchas veces eran dejados libres si se conocía que habían asistido a asambleas.

La mayoría de los investigadores, grupos de estudio y profesores emigraron a Perú, Venezuela y Chile, dejando trabajos inconclusos en el país. En algunos casos hubo equipos de trabajo que pudieron trasladarse en forma completa.

Dentro de la facultad de Ciencias Exactas desaparecieron el centro de Radiación Cósmica, dirigido por Juan Roederer, el de Radioastronomía dirigido por Oscar Varsavsky, el de Química Industrial, y el de Metereología, entre otros.

Existió un acuerdo entre los que decidieron irse del país de permanecer dentro de Sudamérica, compromiso al que adhirió Sergio Ivanissevich, pero hubo quienes optaron por residir en Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Manuel Sadosky vivió en Uruguay y Argentina, en el ‘74 emigró a Venezuela, luego pasó por Barcelona y en 1983 regresó al país, y ocupó la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación.

En Chile los militares acusaron a los científicos argentinos de ser espías de Onganía y los obligaron a abandonar el país, pero la medida fue anulada por Salvador Allende al poco tiempo, cuando asumió como presidente. También en ese país encontraron nuestros investigadores problemas con los métodos de manejar la universidad. En la chilena, por ejemplo, el rector era designado por el presidente de la República y había escasa participación estudiantil en las decisiones que se tomaban. No fue sencillo para los emigrantes adaptarse a la nueva situación.

Muchos de los que se quedaron en Argentina luego de 1966 tuvieron inconvenientes. En abril de 1967, la Ley Orgánica para las Universidades Nacionales estableció la prohibición de todo tipo de "militancia, agitación, propaganda, proselitismo o adoctrinamiento político" en las universidades. En Breve Historia Contemporánea de la Argentina, Luis Alberto Romero escribe que los docentes y alumnos que no emigraron "procuraron trabajosamente reconstruir, subterráneamente, las redes intelectuales y académicas, por lo general en espacios recoletos, que alguien comparó con las  catacumbas". Quien hizo dicha comparación fue Gregorio Klemovsky, hoy profesor emérito de la UBA. Como se vinculaba la Facultad de Ciencias con el comunismo, cuenta Luis Quesada que "durante la década del 70 por el solo hecho de haber estudiado allí no te daban armas para el servicio militar".

Si bien los miembros de la universidad estatal se habían opuesto a fines de los cincuenta a la creación de escuelas privadas, muchos profesores aceptaron ser contratados por estas luego del éxodo que tuvo lugar luego de La Noche de los Bastones Largos.

Después de la Operación Escarmiento el humanismo se dividió en tres. Una parte, según admite Ivanissevich en el libro de Morero, colaboró con Onganía. Dijo Alicia Spiegelman: "La facultad quedó en manos de lo peor del humanismo. Eran tipos fascistas, antisemitas y misóginos".

Otros, los fundadores, se mantuvieron en su posición: los ideales del humanismo eran los de la Reforma, por lo tanto, teniendo en cuenta esto, teóricamente ceder a la intervención habría sido ir contra los principios del movimiento. Un tercer grupo se alió con movimientos trotskistas y acabaron en la guerrilla. El grupo de los fundadores terminó por desaparecer cuando se encontró en la disyuntiva de participar en forma violenta, o no participar.

A partir de La Noche de los Bastones Largos la universidad se estancó. Se intentó volver al modo de funcionamiento que tuvo durante la etapa peronista, de estilo enciclopédico, tradicionalista y clerical, y callar al estudiantado, sin éxito, ya que no era posible volver atrás el desarrollo intelectual y el avance del librepensamiento.

Desde el 29 de Julio y hasta el 16 de Agosto se suspendieron las clases en todas las universidades afectadas. Recién el 22 de Agosto se reanudaron, pero Ciencias Exactas y en Filosofía y Letras volvieron a funcionar bastante más adelante.

 

 

7.4. LA REPERCUSIÓN

 

7.4.1. EN EL PAÍS

La opinión pública se vio impresionada. Muchos argentinos de esa época utilizan la palabra 'incredulidad' para explicar lo que sintió cuando se enteraron de los hechos. Pero para Alicia Spiegelman, a pocos les importó el éxodo de docentes y científicos, y hasta piensa que muchos se alegraron de lo ocurrido. Según el vicerrector de la UBA, Atilio Borón, la Operación Escarmiento "fue un hecho emblemático, porque por una parte demostró la barbarie de las dictaduras y, al mismo tiempo, se vio la actitud poco interesada de la sociedad por defender la universidad pública".

Existieron grupos de profesores y alumnos que habían apoyado al golpe y alentaron la intervención de las universidades para erradicar las ideologías que no coincidían con las propias. Agrupaciones anticomunistas y sindicatos universitarios de militancia ultraderechista se pronunciaron a favor de la medida del gobierno. Muchos opinan que se trató de partidarios del humanismo. Francisco Manrique, director del periódico Correo de la Tarde, dijo en un viaje a Nueva York que lo ocurrido había sido exagerado para difamar al gobierno de Onganía.

Gerardo Brá, en un ensayo escrito para la revista Todo es Historia, listó las instituciones que respaldaron la actitud del gobierno de Onganía para con las universidades:

- La Confederación Interamericana de Defensa del Continente manifestó su total "beneplácito por las patrióticas y necesarias medidas de protección".

- La Unión de Entidades Liberales Argentinas, la Confederación Universitaria Argentina Liberal y Acción Liberal Argentina dijeron que las "autoridades nacionales se vieron precisadas a adoptar esta actitud ante la vigencia de una falsa autonomía universitaria subordinada a la política subversiva del marxismo internacional".

- El Ateneo de Estudios Sociales-Cristianos de Ciencias Económicas afirmó que la intervención era justificable porque trataba de frenar el "proceso que viene evolucionando a causa de la avasallante infiltración marxista".

- La Asociación de Egresados de Medicina de Buenos Aires acusaron a los estudiantes de filiación marxista de agresiones físicas, materiales y morales.

- La Federación de Entidades Democráticas de la Argentina apoyaron la intervención argumentando que tuvo como fin acabar con la subversión.

- El Ateneo Estudiantil Argentino expresó que "entendemos que han sido dados los primeros pasos para la jerarquización de la universidad".

- El Premio Nobel de Medicina de 1947, Dr. Bernardo Houssay, afirmó luego de reunirse con el general Onganía que debía dársele tiempo al gobierno para clarificar el rumbo que pretendía darle a la educación universitaria.

Durante los días siguientes a La Noche de los Bastones Largos y a lo largo de todo el mes de Agosto hubo en el país actos de repudio frente a las facultades y en esquinas céntricas de la ciudad de Buenos Aires. Hubo detenidos, choques y represión. En Córdoba se llevó a cabo una huelga de hambre. El veinte de Agosto se anunció la disolución de la FUA. Dos días después, un grupo de estudiantes de Medicina de la UBA agredió al decano Andrés Santas en su despacho. 

El 7 de Septiembre de 1966 hubo una movilización de miles de personas organizada en el Barrio Clínicas de la capital de Córdoba, durante la cual resultó asesinado por tres tiros el estudiante y obrero Santiago Pampillón en un enfrentamiento entre universitarios y la policía. Esto generó mayor agresión contra los oficiales, que recién pudieron controlar la situación a las seis de la mañana del día siguiente. Este sería el antecedente del conflicto de 1969, El Cordobazo, el cual inició el declive del gobierno de Onganía. El 9 del mismo mes un grupo de estudiantes intentó iniciar una huelga de hambre en la Catedral, pero se les impidió la entrada.

En La Plata hubo resistencia a la designación del rector Gorostiaga y, en el día de su asunción, hubo casi mil oficiales en la ceremonia. La Federación Universitaria de la Plata dijo en un comunicado: "Esto señala cuàl es la autoridad que representa: revólver, machete y bastón".

Más tarde fueron arrestados 23 estudiantes por creerse que estarían preparando una huelga de hambre.

El gobierno avaló los hechos. El general Onganía explicó que lamentaba haber tenido que utilizar la violencia, pero no había tenido otra opción ya que los alumnos habían ocupado las universidades ilegalmente. Un comunicado emitido por la Secretaría de Prensa de la Presidencia de la Nación informaba que solamente una de las ocho universidades y dos de sus facultades habían sido intervenidas, debido al comportamiento incorrecto de los estudiantes. Fernandez Long considera que aún al día de hoy en la Capital existe la creencia errónea de pensar que la intervención ocurrió solamente en la Universidad de Buenos Aires.

 

7.4.2. EN EL EXTERIOR

El hecho no pasó desapercibido a nivel internacional. La prensa extranjera publicó imágenes de la violencia. No podría decirse con certeza si La noche de los Bastones Largos habría tenido un grado similar de repercusión en el mundo si el profesor estadounidense Warren Arthur Ambrose no hubiese sido testigo de los hechos, o qué habría pasado si hubiese desistido de enviar la carta relatando lo acontecido al New York Times, publicada por el periódico el 30 de Julio de 1966.

El gobierno de Onganía perdió peso a nivel mundial luego de la Operación Masacre, acusándoselo de fascista. La revista norteamericana Sciencie repudió el hecho y el diario francés Le Monde acusó a la Argentina de macartismo. Se criticó la censura, la violencia utilizada y la usurpación de la autonomía de las universidades. Un mes más tarde, sociólogos franceses enviaron un telegrama a Juan Carlos Onganía expresándole su desaprobación, y en la misma postura se manifestaron grupos de científicos del exterior, y otras universidades de Latinoamérica.

 

 

 

8. LA UNIVERSIDAD HASTA 1976

A medida que había aumentado la represión durante el gobierno de Onganía, se habían multiplicado los grupos guerrilleros, cuyo método de defensa era la acción violenta. El presidente electo en 1973, Hector J. Cámpora, apeló a estas agrupaciones juveniles influyentes para conseguir el triunfo electoral. De esta manera, la juventud se aproximó a la política en un sentido práctico.

En el Ministerio de Educación fue asignado el peronista Jorge Taiana. Rodolfo Puiggrós, un historiador nacionalista expulsado del Partido Comunista en 1948 por sus tendencias peronistas, fue nombrado interventor de la Universidad de Buenos Aires. Entonces se convirtió en la "Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires" y todos los profesores partidarios del régimen militar fueron despedidos. Se reincorporaron profesionales y profesores que habían sido echados a un lado por razones políticas, se empezó a redesplegar la investigación y se reelaboraron los programas. Ese mismo año ingresaron millones de nuevos integrantes a la universidad, sin filtro alguno. Fue la época en que el peronismo promovió la "Universidad abierta al pueblo". El ambiente universitario, al carecer de una estructura definida, tuvo un exceso de desorganización y desorden.

Para cuando el general volvió al poder las agrupaciones guerrilleras ya se habían expandido y se habían vuelto peligrosamente poderosas. En su exilio, Perón había alentado la permanencia de estos grupos, ya que reivindicaban su figura, pero al llegar a la presidencia no toleró su carácter reaccionario y violento y los censuró por ello, desalojándolos del poder. A pesar de esto, Montoneros siguió apoyando al líder en el que había depositado sus ilusiones, argumentando que el general estaba actuando bajo presión.

Durante su breve tercer mandato, Perón mantuvo a Taiana en el ministerio de Educación, pero sustituyó a Rodolfo Puiggrós del rectorado de la Universidad de Buenos Aires por el ex vice presidente Vicente Solano Lima. La institución estaba para ese entonces copada por la agrupación Montoneros. El presidente manejaba ese sector con cautela porque era consciente del foco de ferocidad que podía desatarse de no tratárselo en forma 'apropiada'.

Cuando Perón murió, la organización guerrillera aumentó su virulencia. A modo de réplica, ya se había creadi la Triple A (Alianza anticomunista argentina), organización parapolicial encabezada por José Lopez Rega, secretario de Perón y funcionario de su esposa. La misión del gobierno de Isabel fue eliminar a la 'tendencia izquierdista'. Dicha 'limpieza' se centró en la educación universitaria, tal como ocurrió en 1966.

En 1974, la libertad académica universitaria, que comenzaba a dibujarse otra vez -frecuentemente, en forma de libertinaje-, volvió a ser reprimida. Jorge Taiana fue reemplazado por el fascista Oscar Ivanisevich, y Solano Lima fue sustituido por Alberto Ottagalano. Ese día, el 17 de Septiembre, el nuevo rector de la UBA declaró: "los católicos y los argentinos estamos llevados a una prueba de fuego: o justicialistas o marxistas... Aquí y ahora hay que estar con Cristo o contra Cristo ... se ha pretendido una sociedad llamada pluralista y a la vista están las consecuencias. Nosotros tenemos la verdad y la razón; los otros no la tienen y los trataremos como tales". Se encargó de 'recuperar' la universidad (de las manos de los 'izquierdistas'), lo cual generó un nuevo éxodo de catedráticos. Estuvo clausurada por un tiempo. En el entretanto se crearon nuevos planes de estudio.

La censura se extendió a todos los medios de comunicación y cultura. Hubo censura en forma de cierres de periódicos y revistas como Noticias, El Mundo, Respuesta Popular, El Descamisado, Militancia, El Peronista, Satiricón, Crónica y Primicia. Asimism se cancelaron los programas de TV de Mirtha Legrand y Tato Bores. Al grupo Sui Géneris, en 1974, se le obligó a borrar canciones de su álbum ‘Instituciones’ y pulir algunas otras, por ser sátiras de la realidad del país. De hecho, ni siquiera pudieron conservar el título original de su disco, viéndose forzados a cambiarlo por “Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones”. Uno de los textos censurados, “Música de fondo para cualquier fiesta animada”, decía:

 

Había una vez
en la casa de un juez
una fiesta impresionante:
vino y caviar, y mujeres sin bailar
y marihuana en los cuartos
y un presidente hablando
sobre un pueblo en paz
y la manera de pacificar
a las bocas que pedían libertad”

 

 

 
9. LA UNIVERSIDAD EN EL PROCESO

El 24 de Marzo de 1976 la Junta de Comandantes en jefe, integrada por el general Jorge R. Videla, el brigadier Orlando R. Agosti y el almirante Emilio E. Massera tomó el poder. Las primeras medidas tomadas fueron la suspensión de la actividad de los partidos políticos tradicionales, la prohibición de cualquier tendencia izquierdista, el mantenimiento del estado de sitio y la reinstauración de la pena de muerte. Entre el 76 y el 82 hubo más de 30 mil desaparecidos en manos del gobierno y agrupaciones guerrilleras.

Se acordó eliminar a las personas que formaban parte de lo que los militares denominaban 'subversión', es decir, extinguir totalmente las organizaciones pertenecientes a la guerrilla y a cualquier dueño de pensamiento crítico o de protesta, sin distinción: obreros, universitarios, comerciantes, profesionales, intelectuales, sacerdotes, empresarios, alumnos secundarios. Otra de sus primeras medidas fue la quema de libros considerados 'perjudiciales' para la juventud, entre los cuales figuraban libros de Freud, García Márquez, Vargas Llosa, Marx, Hegel, Nerusa, Saint-Exupéry, Sartre, Camus y otros. Ese día se emitió el siguiente comunicado: "El comando del Cuerpo de Ejército III informa que en esta fecha procede a incinerar esta documentación perniciosa que afecta al intelecto y a nuestra manera de ser cristiana. A fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas, etcétera, se toma esta resolución para que se evite continuar engañando a nuestra juventud sobre el verdadero bien que representan nuestros símbolos nacionales, nuestra familia, nuestra iglesia y, en fin, nuestro más tradicional acervo espiritual sintetizado en Dios, Patria y Hogar". Vetar el librepensamiento y disuadir a la gente de intentar ejercerlo de todos modos era también una forma de conseguir el monopolio de la fuerza.

Se debió recurrir a medios de expresión más sutiles. Peregrinaciones a Luján y recitales de rock nacional se convirtieron en actos políticos. Los músicos también se empezaron a considerar 'subversivos' y muchos, entre ellos Lito Nebbia y León Gieco, debieron emigrar. Se formó el grupo Serú Girán y se reunieron los integrantes de Almendra. Durante este período nació formalmente lo que se denominó la 'canción contestataria', que representaba los reclamos de la juventud argentina. Hasta 1980, la propagación de la música argentina se vio complicada por la interrupción en el ejercicio de la libre expresión y el monopolio de los medios de difusión (como la radio) en manos de los militares. Las canciones de artistas nacionales que se oyeron hasta ese año fueron anteriores al Proceso, por lo que no se comprometían directamente con la realidad de la época. Más adelante, el conflicto de Malvinas resultaría favorable para la difusión del rock nacional, debido a la prohibición de la difusión de música en inglés.

Durante esta dictadura, la universidad se tiñó de miedo. Entre las listas de desaparecidos figuraban militantes políticos. Los estudiantes eran testigo de la reducción de sus compañeros, que eran sustraídos y en muchos casos, jamás regresaban.

En 1977, la Junta de Comandantes aprobó la sanción de la ley 21.276, que despojaba al estudiantado del derecho de autogestión. Docentes de la oposición fueron destituidos de sus cargos.

Los exámenes de ingreso a las facultades por entonces eran en extremo exigentes, y dejaban afuera a muchos aspirantes. En una declaración emitida en 1978, la FUA condenó este método de admisión al tiempo que volvió a insistir sobre un tema central de la universidad: el presupuesto. Ese año se registró el más bajo presupuesto del siglo destinado a la educación universitaria: el 8,8 por ciento.

Otro eterno reclamo del movimiento estudiantil, además del presupuesto, era el del boleto escolar. El 13 de septiembre de 1975, los alumnos del Normal 3 de La Plata habían conseguido que se les concediera. Entre el 1ro y el 16 de Septiembre de 1976, bajo el régimen de Videla, se detectaron los líderes del reclamo y se procedió a su desaparición. Sólo hubo un sobreviviente, Pablo Díaz, quien pudo probar ante la Cámara Federal de la Plata la existencia del campo de concentración denominado "Campo de Arana". En ese juicio, además, se demostró que las desapariciones de la Noche de los Lápices habían sido organizadas por el Batallón de Inteligencia 601 y la Policía Bonaerense.

En los años siguientes, la lucha estudiantil se centró en evitar la elitización de la universidad estatal, que el gobierno buscaba lograr a través de su arancelamiento. Apeló a la Reforma Universitaria del '18 y el derecho de todos los ciudadanos a acceder a la educación en forma gratuita. Dieciocho mil estudiantes argentinos firmaron la petición elaborada por la FUA.

El día 30 de Agosto de 1980 se produjo "el día de la vergüenza del libro argentino". En esa oportunidad, La Policía de la Provincia de Buenos Aires quemó un millón y medio de libros y fascículos pertenecientes al Centro Editor de América Latina (fundado por Boris Spivacow, quien antes había sido director de EUDEBA), y otro montón quedó incautado.

En el tiempo comprendido por el declive del Proceso, desde principios del '82 hasta octubre del '83, volvió a expandirse la libre expresión y a revivir el activismo estudiantil. Retornaron los reclamos en las universidades, entre los cuales había quejas contra los cupos de ingreso y los rumores de un posible arancelamiento. La universidad estatal volvió a politizarse, destacándose  la supremacía del radicalismo.

 

 

 

10. LA UNIVERSIDAD HOY

Hoy, después de 37 años de la Operación Escarmiento, la universidad no ha logrado recuperar el nivel que alcanzó en los años sesenta. Manuel Sadosky dice que "es difícil de entender para quienes no lo vivieron, pero ni siquiera se han recuperado hasta la actualidad los niveles del año 66". Fernández Long sostiene que las facultades "ya no son lo que eran", principalmente porque "no le asignan plata a la Universidad, y sin dinero no se puede hacer nada". Ex-alumnos opinan que hoy en día el nivel en general es inferior al alcanzado en los sesenta, pero que este depende de la carrera que se esté cursando.

Una nota publicada en el Suplemento Zona del diario Clarín el día 6 de Julio de 2003, titulada "Sumas y restas de la educación argentina" informa que una investigación realizada por la Unesco entre 41 países tiene a Argentina en los últimos puestos, en lo que refiere a calidad educativa. En ese mismo artículo, Juan Carlos Tedesco, autor del libro Educar en la sociedad del conocimiento, marca dos momentos de la historia que aceleraron la decadencia de la educación: "Un hito fue "La noche de los bastones largos", la represión a la Universidad concretada por el gobierno de facto de Onganía, en 1966. El otro fue el 76 cuando, por ejemplo, se regulaba desde el Ministerio que en primer grado se podían aprender nada más que 13 letras y por otro se excluía de la educación a Einstein, Marx y Freud porque eran subversivos".

En los últimos años se agregaron tres nuevas carreras en la UBA, ligadas al estudio e investigación de alimentos: las licenciaturas en Ciencia y Tecnología de Alimentos y en Gestión de Agroalimentos y la Ingeniería de Alimentos, con más de 350 alumnos entre las tres. Es un proyecto innovador, ya que más de una facultad trabajan en forma coordinada y complementaria. Las nuevas carreras están íntimamente ligadas con la realidad de la economía argentina, en la que la industria de los alimentos tiene un papel fundamental. Esto demuestra la vinculación de la universidad con los problemas de la nación.

Rubén, ex-alumno y ex-docente de la UBA, se refiere a la transformación física de la facultad:  "A lo mejor me equivoco, pero para mí toda la supuesta recuperación histórica de la Manzana de las Luces es un bluff total. Donde era Zoología, se había combatido a los ingleses en 1806; hoy es un puesto de artesanías de segundo nivel. El Aula Magna era el lugar físico donde en 1839 habían asesinado a Manuel Vicente Maza y cosas así".

Hoy en día la lucha por el presupuesto continúa, pero se le presta poca atención. Cada año se reduce más el dinero destinado al mantenimiento y crecimiento de la universidad. Los recortes presupuestarios y la indiferencia son una forma de destruirla, no tan directa que La Noche de los Bastones Largos pero efectiva. En un comunicado publicado en el sitio web de la facultad de Ciencias Sociales, los decanos de la Universidad de Buenos Aires escribieron: "Lo que se hizo por la fuerza en la "noche de los bastones largos" se intenta repetir ahora por medios más sutiles. Se provoca así, nuevamente, que otros enemigos de la educación y la democracia ejerzan la intolerancia y la violencia [...] La educación es un derecho de todos y por ello a todos incumbe defenderlo. Permitir que se la destruya es incompatible con las bases mismas del sistema democrático". Actualmente, la cifra per cápita (de estudiante) corresponde a un cuarto de lo que era a comienzos de los sesenta. La universidad de nuestros días ya no se sostiene con el presupuesto, sino con la fuerza de voluntad de los que la integran. Los edificios están deteriorados, los servicios impagos, escasean equipos y laboratorios. En un comunicado emitido el día 19 de Agosto de 2002, la FUA expresó: “[...] como en algún momento señalara un primer ministro de la India: “India es un país demasiado pobre para darse el lujo de no invertir en educación”. El deterioro del presupuesto, su reducción o la versión cínica actual de “subejecución”, es decir, la maniobra perversa para achicar las partidas de educación sin reconocerlo en el presupuesto nacional, implica una decisión de recrear un modelo dependiente, que profundice las desigualdades y cierre el camino hacia una plena solución nacional. Hoy se le adeudan a las universidades nacionales de lo asignado por el propio presupuesto, ya de por sí bajo, más de $ 300.000.000, hecho que afecta la operatividad de las mismas. Sobre todo teniendo en cuenta que los insumos indispensables para su funcionamiento merced a la devaluación, han aumentado enormemente, como ocurrió con el papel, tóner, elementos informáticos, materiales para los laboratorios, etc”.

Algunos, como Domingo Cavallo en su momento, opinan que la solución radica en el arancelamiento de la educación universitaria. Dicha medida significaría un retroceso, ya que se estaría yendo contra la igualdad de oportunidades que los estudiantes vienen sosteniendo desde 1918. Patricia Sánchez Ruiz, graduada de la facultad de Ciencias Económicas, no está a favor del arancelamiento, pero no le parece correcto tampoco que haya estudiantes que pasen décadas en la universidad, ese aspecto debería ser revisado. También critica al CBC: “es una prolongación de la secundaria”. Afirma que la exigencia en los exámenes del Ciclo Básico Común es menor a las universitarias y por eso en parte ese mecanismo no es eficiente como filtro para el ingreso. Opina que lo ideal sería llegar a un punto medio entre la exigencia rigurosa de los setenta y la flexibilidad de hoy en día.

El tema del boleto estudiantil todavía sigue en discusión. En 2002, siguiendo el patrón de La Noche de los Lápices, dos hombres atacaron a un estudiante del Nacional Mariano Moreno. Le tajearon tres ‘A’ en el pecho y le sugirieron: ‘Dejate de joder con el boleto’. El ataque no se ha esclarecido aún.

En cuanto a las ideologías predominantes en la universidad del nuevo siglo, en los últimos  años comenzaron a asentarse nuevamente las fuerzas de izquierda. Las votaciones que tuvieron lugar en Noviembre de 2003 en las trece facultades de la UBA le otorgaron dos nuevos centros de estudiantes a partidos izquierdistas: El Movimiento Socialista de los Trabajadores ganó en la facultad de Ciencias Sociales y la CEPA recuperó Ciencias Exactas. Filosofía y Letras, Psicología, Arquitectura, Veterinaria e Ingeniería siguen estando dominadas por las agrupaciones de izquierda. Una corriente kirchnerista denominada "Los Jovenes K" está tratando de conseguir adhesiones, pero por ahora tienen escasa popularidad entre el estudiantado.

Si bien a partir del retorno a la democracia en 1983, con el retorno del pluralismo y el apoyo a la excelencia académica en las universidades, se concentraron esfuerzos en contactar a la gente que se había ido a trabajar al extranjero, muchos de los que emigraron en 1966 no han regresado. Hay alrededor del mundo lo que llaman "la mafia argentina": se trata de esa gente que se formó en la época más prestigiosa de la universidad, que sigue dispersa por el mundo, muchos de ellos ocupando importantes cargos.

Antes, la tendencia era que los investigadores y graduados viajaran al exterior para luego volver a aplicar sus conocimientos. Ahora quienes reciben su título emigran para no regresar, y los expertos solamente pueden desenvolverse en sus actividades científicas en el extranjero. El país no provee de una infraestructura propicia para el desarrollo de la ciencia. En los sesenta, explica Alicia Spiegelman, "la aspiración era recibirse, quedarse como docentes en la Facultad, investigar y enseñar. Porque económicamente con un sueldo de ayudante de primera se podía vivir". Hoy el día ni siquiera el sueldo de un jefe de cátedra es digno.

Según la base de datos SESTAT de la National Science Foundation, en 1999 había 4.377 argentinos activos en Ciencia y Técnica de Estados Unidos, mientras que 6.218 se desempeñaban en actividades de apoyo a esta área con distintos grados de formación.

El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación y la Secretaría de la Ciencia están trabajando en el ‘Programa Raíces’, cuyo fin es la creación de una red de científicos e investigadores argentinos en el exterior, para reinsertarlos a la comunidad nacional y frenar la “dispersión de cerebros”.

Algunos se fueron en el primer éxodo durante el gobierno peronista, otros partieron perseguidos en el gobierno de Onganía, los que no lo fueron, seguramente padecieron persecuciones durante el Proceso. La fuga de cerebros en Argentina comenzó en el 66 y se prolonga hasta la actualidad, pero hoy los motivos que llevan el talento a Ezeiza son distintos: la educación es poco tenida en cuenta, los salarios de docentes y profesores son bajos, se adeudan pagos de sueldos, la clase política argentina ignora la realidad educativa y la importancia de de tener una universidad activa. Mientras en el gobierno de Illia se consideraba a la ciencia la palanca para el progreso de la nación, los últimos gobiernos ni siquiera la mencionan.

Para el físico Juan Roeder, que abandonó el país en 1966 luego de La Noche de los Bastones Largos, “Argentina tiene científicos brillantes, muchos de ellos jóvenes, y lo primero que hay que hacer es evitar que se vayan. Hay que darles condiciones de vida para que puedan mantener a sus familias. Eso es lo primero. Luego, hay que darles los medios de investigación, y si no se puede contar con, por ejemplo, un costosísimo acelerador de particular, hagamos un contrato o trabajos en cooperación con otro país que sí lo tiene, tratando que la sede del científico esté aquí y no allá”.

El presidente Néstor Kirchner y su ministro de Educación, Daniel Filmus, consideran que la educación es una estrategia central para el desarrollo del país y se han comprometido a mejorarla. Filmus se ha declarado públicamente en contra del arancelamiento de la universidad. Manuel Sadosky opina que "hay que insistir en la formación de quienes a su vez pueden transmitir y mejorar el nivel de la educación. A nivel universitario se debería reordenar el tema de las matrículas. En Ciencias Sociales hay miles de alumnos y en Exactas sólo decenas. Yo creo que hay que fortalecer el nivel medio de enseñanza donde prácticamente no hay estímulo para las ciencias básicas". Estadísticas actuales señalan que la brecha entre los estudiantes que ingresan y los que finalmente egresan de la universidad es extensa. La deserción crece año a año, debido a cuestiones económicas, al poco convencimiento de los estudiantes en el momento de definir la carrera a elegir y a la falta de preparación para la educación superior durante el colegio secundario. Para resolver esto, el Ministerio de Educación ha propuesto aumentar el número de egresados sin bajar la calidad de la enseñanza: otorgando becas, títulos intermedios, énfasis en la orientación vocacional y una mejor coordinación entre el nivel secundario y terciario, pero aún no se han dado a conocer proyectos concretos.

Para Juan Carlos Tedesco la solución yace en frenar los ajustes y comenzar a invertir en el área educativa. Asimismo, para que el proyecto tenga éxito, se debería "actualizar el diagnóstico porque hay problemas nuevos que son de una enorme complejidad: no conocemos toda esta heterogeneidad que hay en el país, las nuevas situaciones de violencia, de cultura adolescente, juvenil, las nuevas tecnologías, el problema de las distancias entre una jurisdicción y otra, el tema de la heterogeneidad es nuevo y hay que conocerlo para achicar la brecha". Sostiene que hay que analizar la nueva realidad nacional. La universidad del 2003 evidentemente no es la misma que la de los sesenta, pero la juventud tampoco.

 

 

 

11. CONCLUSIÓN

Empecé este trabajo con la idea de limitarme a relatar lo sucedido en La Noche de los Bastones Largos relacionándola con el contexto nacional e internacional. El tema me despertó interés cuando lo oí mencionar a principios de este año en una de las primeras clases de Historia Argentina. Quería saber lo que había sucedido dentro de la universidad de la que espero recibirme algún día.

Comencé a coleccionar bibliografía y prestar especial atención a los hechos de la historia argentina que pudieran servir de antecedentes, como la Reforma de 1918. Pero, una vez que emprendí la realización de la monografía me encontré con que cada palabra me llevaba a otra, cada personaje me presentaba uno nuevo, cada hecho sugería un montón de ideas que no podía dejar de lado. Traté de esforzarme en no irme por las ramas, y fracasé. Finalmente el trabajo se extendió más de lo que imaginé y, de hecho, creo que podría haber empezado a narrar desde el siglo XIX, pero eso habría implicado reformar todo el plan. Además, creo que perderme en esos tiempos tempranos no me habría ayudado a entender mucho más el tema central, que desde un principio fue la Operación Escarmiento.

Utilicé principalmente fuentes escritas: libros, revistas y diarios. En segundo lugar estuvieron las fuentes cibernéticas y, por último, las orales. Las últimas me ayudaron más que nada a construir el escenario de la universidad de hoy.

La moraleja de esta historia es que debemos proteger a nuestra universidad. Se habla demasiado de la deuda externa, pero aún no hemos saldado la deuda interna que tenemos con nuestra educación. En el exterior se la reconoce más que en la Argentina. Si en las condiciones en que está todavía suscita admiración a nivel internacional, si se la mantuviera como se merece no solo alcanzaríamos los niveles de los años sesenta, sino que los excederíamos. Nunca tuvimos una juventud con más esperanzas depositadas dentro del país como cuando la universidad estaba en su etapa más floreciente, y no se trataba de un optimismo sin fundamentos.

Me resulta increíble que siempre, en tiempos de crisis, una porción importante de argentinos reclame un gobierno autoritario. ¿Se olvidan de la Noche de los Bastones Largos, La Noche de los Lápices, las quemas de libros, las desapariciones? Nombro esos episodios, y solamente estoy teniendo en cuenta el terreno intelectual, universitario y estudiantil. La memoria es la única forma de garantizarnos que eso no volverá a suceder. Lo que hace a la identidad de un pueblo es su cultura. No dejemos que nos roben el patrimonio más valioso y único que tenemos.

En respuesta a la pregunta formulada en la introducción, diría que La Noche de los Bastones Largos nos deja múltiples enseñanzas que resaltan a lo largo del trabajo aunque no estén señaladas como tales. Se castigó la libre expresión y se condenó el destino del país. Las consecuencias hablan por sí solas, al tiempo que explican lo que ocurrió después. Me pregunto qué habría pasado si no se hubiese puesto pausa al desarrollo de la universidad de los sesenta. Desafortunadamente, esa es una incógnita que ningún trabajo de investigación podrá resolver.

 

 

 

 

 

 

12. BIBLIOGRAFIA

» A.A.V.V., Comunicado de los decanos de la Universidad de Buenos Aires, http://www.fsoc.uba.ar/decanosUBA.htm

» A.A.V.V, Estudiante secundario agredido, http://ar.geocities.com/todosarg/denuncias/urgente.htm

» A.A.V.V., Hace 26 anos comenzó la destrucción de la Universidad, Diario La Maga, 29 de Julio de 1992

» A.A.V.V., Historia de la Argentina: El mundo de la época, Colombia, Crónica, 1994

» A.A.V.V., Historia de la Argentina: El pensamiento y la acción, Colombia, Crónica, 1994

» A.A.V.V., Historia de la Argentina: La creación cultural, Colombia, Crónica, 1994

» A.A.V.V., Historia de la Argentina: La noche de los bastones largos, Colombia, Crónica, 1994

» Amador, Rubén, "Allí donde se quemaban libros se quemaban finalmente personas", http://sepiensa.org.mx/contenidos/l_libros/libros1.html

» Autor no especificado, Francia: Mayo del '68, http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/historia/html/mov68/francia.htm

» Autor no especificado, Crónica 1968, http://perso.wanadoo.es/ortorel/altres/mespres/prescom/prescom/txeqia.html

» Autor no especificado, Juan C. Onganía (1966-1970), Todo Argentina,

http://www.todo-argentina.net/historia/civmil/ongania/1967.htm

» Autor no especificado, Elevada deserción en la universidad, Diario Clarín, 27 de Septiembre de 2003

» Autor no especificado, Mayo francés, http://orbita.starmedia.com/k-gate/sucesos/mayofrances.htm

» Autor no especificado, Prensa extranjera: ¿subversiva?, Revista Primera Plana, 21 de Junio de 1966

» Autor no especificado, Presidencia de Isabel Perón, Todo es Historia, http://www.todo-argentina.net/historia/civmil/isabel/

» Autor no especificado, Vuelve, vuelve primavera, http://www.canaltrans.com/historia/praga.html  

» Autor no especificado, Woodstock, música y paz, http://ledzeppelin.tripod.com.mx/lahistoriadelrock/id24.html

» Bachetti, Mauricio, Farenheit 451, Radar Libros, http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/libros/00-09/00-09-03/nota4.htm

» Bienvenidos al tren, el website de Sui Generis, Rock&WEB S.A., http://www.rock.com.ar/especiales/bienvenidosaltren/main.shtml

» Declaración del Honorable Consejo Académico, 12 de Marzo de 2003, http://www.exactas.unlp.edu.ar/cartelera/Declaraci%F3n%20HCA%2012%20de%20marzo%20de%202003%20(ahogo%20presupuestario).doc

» De Riz, Liliana: La política en suspenso, 1966-1976, Buenos Aires, Paidós, 2000

» Diccionario de uso del español actual, Madrid, Editorial policial, 2000

» Entrevista a Manuel Sadosky, Revista Estrategas, Edición no. 43, http://www.revistaestrategas.com.ar/tel43.htm

» Garmendia, O., La triple A, lo que la burguesía no quiere recordar, http://members.tripod.com/~ligacomunista/BR24/TripleA.html

» Historia Visual de la Argentina Contemporánea, fascículos 31, 34, 35, 36, 38, 40, 41, 42 y 45, Biblioteca Clarín

» Kirby, Roberto: El desarrollo sostenible, http://www.eraagricola.org/ecoton/ecotono_1/ecotono1_art_2.htm

» Lanata, Jorge: Argentinos, tomo II, Buenos Aires, Ediciones B, 2003

» M.A., "Alto nivel científico y compromiso social", Diario La Maga, 29 de Julio de 1992

» Martinyuk, Claudio, “La física es ahora aburrida, pero está cerca de una revolución”, Diario Clarín, 17 de Septiembre de 2002

» Merolla, Daniel y Levenberg, Daniel, Un solo grito, http://www.ful.unl.edu.ar/docs/Un%20solo%20grito.htm

» Morero, Sergio: La noche de los bastones largos, Buenos Aires, Nuevohacer, 2002

» Moro, Andrea: Crisis universitaria, ¿otra Noche de los bastones largos?, http://www.psd.org.ar/prensa1101/crisis.htm

» Muleiro, Vicente y Pavón, Hector, Sumas y restas de la educación argentina, Diario Clarín, 6 de Julio de 2003

» Pavón, Hector: El descabezamiento de la Argentina, Diario Clarín, 2 de Marzo de 2003

» Romero, José Luis: Breve historia de la Argentina, Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 1996

» Romero, Luis Alberto: Breve historia contemporánea de la Argentina, Buenos Aires, Fondo de cultura económica, 2001

» Sánchez, Nora: Tres carreras para estudiar los secretos de los alimentos, Diario Clarín, 31 de Agosto de 2003

» Tatti, Victoria: Elecciones en la UBA: la izquierda lidera la conducción estudiantil, Diario Clarín, 2 de Noviembre de 2003

 

Noelia Laura Pirsic Galeanoff